Ahora que el verano ha terminado, podemos reflexionar sobre el riego de parques y jardines, tanto privados como públicos, y evaluar si se trata de una práctica sostenible desde el punto de vista económico y ambiental, o si es necesario orientarse hacia soluciones alternativas.
Hemos decidido comenzar con una cita de la primera película de El Señor de los Anillos, ya que es innegable que la relación entre el ser humano y el medio ambiente está experimentando cambios profundos que exigen un compromiso que trascienda los esquemas de pensamiento habituales.
El uso de cisternas flexibles para el riego de espacios verdes no agrícolas es parte de este nuevo enfoque mental.
Vamos a intentar comprender cuál es el problema.
Emergencia hídrica: es tiempo de actuar
El aumento de las temperaturas y la tropicalización del clima están provocando veranos cada vez más calurosos y, dependiendo de la latitud, sequías. Al mismo tiempo, nuestros hábitos y el creciente número de habitantes en la Tierra están poniendo en jaque el suministro de un recurso que ahora se vuelve cada vez menos renovable: el agua.
La cuestión es extremadamente compleja e involucra numerosos factores y escenarios distintos, pero sin mencionar eventos catastróficos como los incendios forestales que cada año destruyen parte de nuestros bosques, agravando la situación, o situaciones de consumo de agua inevitable –como el riego de terrenos agrícolas o granjas– queremos centrarnos en una realidad más próxima a la vida cotidiana: el riego de jardines y parques públicos.
¿Cómo seguir proporcionando este servicio cuando más se necesita, pero también cuando es más necesario economizar el impacto hídrico?
En verano, parques y jardines sufren y requieren mucha más agua, y al mismo tiempo, nosotros, los seres humanos, recurrimos masivamente a su uso. Más duchas, sistemas de aire acondicionado siempre encendidos, un mayor uso de piscinas... la demanda de agua se vuelve realmente significativa y el uso del "agua del alcalde" para el riego del jardín doméstico o del parque municipal no hace más que empeorar la situación.
Cisternas flexibles para satisfacer la demanda de nuevos métodos de riego
Una solución puede venir precisamente de las cisternas flexibles. Estos depósitos permiten acumular agua de lluvia cuando es más abundante (quizás durante un fuerte aguacero o durante un evento de lluvia extrema, otro fenómeno vinculado a los cambios climáticos) para utilizarla donde y cuando se necesite.
La flexibilidad no es solo una característica del material con el que están hechas, tejidos de poliéster de 900 g/m2 con revestimiento en PVC, sino también una cualidad que distingue su uso.
La posibilidad de transportarlas permite independizarse de la cercanía a una conexión al sistema hídrico y poder suplir la falta de lluvias incluso en las zonas más áridas y de difícil acceso.
Que llueva en una zona pero se necesite regar en otra ya no obliga a recurrir a la manguera de agua y también libera de la contingencia temporal.
Es posible utilizar el agua caída del cielo hoy para regar un parque la próxima semana.
Las cisternas se pueden doblar fácilmente y transportar, y su uso no requiere permisos ni licencias de construcción.
En resumen, son verdaderas comodines listas para resolver incluso las situaciones más complicadas.
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